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Sobre mí: Ser valiente para ser feliz

Hola, soy Rebeca Mera.

Mi historia con el yoga no empezó con un diagnóstico, sino con una búsqueda profunda que me llevó hasta las raíces mismas de esta disciplina.

Hola, soy Rebeca Mera.

Mi historia con el yoga no empezó con un diagnóstico, sino con una búsqueda profunda que me llevó hasta las raíces mismas de esta disciplina. Durante años, mi vida fue una aventura constante: junto a mi  hoy esposo, viví como nómada digital, recorriendo el mundo  y partes de Mexico,  compartiendo mi pasión por el bienestar, la sabiduría interior a través del estudio y la réflexión

India fue mi gran maestra. Allí me sumergí en la vida de los ashrams, visité los templos sagrados del sur y me certifiqué como instructora de Ashtanga Vinyasa y profundicé en Pranayama y filosofia. De la mano de grandes maestros, aprendí que el yoga es un universo infinito que abarca desde la precisión de las posturas hasta la vibración de los mantras, la profundidad del Tantra y el poder vital del Pranayama.

El giro del camino: De la acción a la presencia

En 2022, a los 40 años, mientras mi vida fluía entre viajes y enseñanzas, el cáncer se presentó en mi camino. Muchos se asombraron: “¿Pero por qué a ti, si eres maestra de yoga y siempre te has cuidado?”. Gracias a esa década de práctica y filosofía integrada en mi ADN, mi respuesta fue la paz. No hubo espacio para la culpa. Entendí que mi cuerpo no me estaba fallando; me estaba invitando a vivir el yoga desde una dimensión que nunca antes había explorado. Apareció un nuevo reto en mi vida y decidí aprender y llevarlo de la mejor manera posible, creo en el karma y en la reencarnación , estos conceptos me ayudaron a entender que tenía una nueva oportunidad con el cáncer y decidí que podría ser mi última vida enferma y la siguiente estar en otro nivel de frecuencia.

En mi primera fase del tratamiento oncológico me fui a India con mi esposo, ahí recibí 6 ciclos de quimioterapia, viajamos con mochila al hombro entre cada ciclo de quimioterapia, meditaba diario en un ashram, comía delicioso, hice tratamiento de Ayurveda para los efectos secundarios, descansé como nunca antes, íbamos al rio calvery a las afueras de Mysuru al día siguiente de un día de hospital con quimio. Haciamos cosas muy triviales como idas al centros comerciales y cine, tomé mucho chai.  Mi práctica de yoga física era en casa, ir a un estudio de yoga me daba miedo, y seguí dando clases de Pranayama en línea. Fueron 4 meses de sanación que ahora recordamos con mucho cariño. Aprendí mucho en esa etapa sentía que empezaba a reconfigurar mi sistema, como si las células que morían se morían con un código y memorias en mi ADN y se renovaban otras células nuevas con otra información , mas en el amor, la paciencia, alegría. Regresé a México en remisión para continuar con mi tratamiento oncológico.

Tras dos remisiones y un último año marcado por desafíos físicos profundos —como una neuropatía, una parálisis facial y la pérdida de nitidez en mi visión—, mi práctica se transformó. Pasé de las asanas dinámicas a la maestría de la quietud.

Mi misión hoy

Hoy ya no enseño desde el movimiento vigoroso, sino desde la sabiduría del aliento. He aprendido que no necesito caminar para avanzar, ni ver con los ojos para percibir la luz. Mi propósito con este blog es compartir contigo toda esa teoría y técnica que aprendí en India, pero filtrada por la experiencia real de quien ha tenido que aplicar el yoga para sanar la mente cuando el cuerpo duele.

Quiero enseñarte a usar las herramientas yoguis para tomar decisiones con compasión, humildad y valentía, dejando atrás el miedo y el sufrimiento.

Bienvenido a este camino. Aquí aprendemos que la verdadera sanación ocurre cuando, finalmente, escuchamos nuestra voz interior.

Como afiliado de Amazon, percibo ingresos por las compras adscritas que cumplen los requisitos aplicables.

He encontrado en este espacio un refugio para mi mente y un recurso invaluable para toda la familia.

Claudia Rebeca

Fundadora y guía de bienestar