Hoy mi práctica de yoga no sucede sobre un tapete con posturas atléticas, sino en la profundidad de cada respiración. Con una alegría profunda y el corazón lleno de paz, comparto que he entrado en remisión por segunda vez. Esta victoria tiene un sabor diferente: es el triunfo de la mente sobre las sombras más profundas.
Cuando el cáncer llegó a mis 40 años, en 2022, muchas personas a mi alrededor se preguntaban con asombro: «¿Pero por qué a ti? Si eres tan joven, tan sana…». Sin embargo, haber practicado yoga por una década antes del diagnóstico me dio el regalo más grande: la ausencia de culpa. Gracias a esos años de consciencia, entendí desde el primer día que mi cuerpo no me estaba fallando; simplemente estaba cambiando de lenguaje y me invitaba a acompañarlo.
Este último año, el camino se volvió más estrecho. Un tratamiento oncológico oral me dejó una neuropatía severa en mi pierna izquierda, enfrenté una infección crítica en una válvula cerebral y un daño nervioso afectó mi vista y mi rostro. Mi vida hoy se ve físicamente muy diferente; ya no puedo caminar como antes y mi mirada externa está nublada, pero mi visión interna nunca ha sido tan nítida.
Al principio, mi yoga era postural; hoy, mi yoga es presencia pura. He aprendido que no necesito mover las piernas para avanzar, ni ver con los ojos para percibir la belleza. A través de la meditación, la respiración consciente, mantras, visualizaciones, he mantenido mi mente enfocada y feliz, incluso en medio de las secuelas físicas más duras. El yoga me dio las herramientas para no ser mi diagnóstico, sino la observadora de mi proceso.
Escribo esto porque quiero romper el estigma del cáncer como una tragedia absoluta. Se puede vivir con la enfermedad —y con sus desafíos— con una plenitud que desafía cualquier pronóstico. Quiero motivarte a ser el arquitecto de tu propia sanación, a entender que la salud no es solo la ausencia de síntomas, sino la presencia de paz.
He vivido estos cuatro años con cáncer y, aunque mi cuerpo ha cambiado de forma, mi esencia está más íntegra que nunca. La remisión es un regalo, un milagro que vivo ahora y todos los día al conectar con la energía ,y con mi esencia, y continúo recordándome que no soy este cuerpo ni tampoco esta mente.
Yo soy.
Hari om, hari om, hari om



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