Existe un gran verso en la Bhagavad Gita (Capítulo 2, Verso 55) donde Krishna le explica a Arjuna cómo se encuentra verdaderamente la paz: solo al abandonar los deseos, llega la calma.
Estos textos son complejos y, a veces, difíciles de asimilar. No son lecturas de biblioteca o cafetería; están hechos para ser cantados, memorizados y explicados por un maestro. Pero, ¿qué pasa si estamos en otro país, en otra cultura o bajo otra religión? ¿Cómo accedemos al entendimiento de textos tan profundos?
La respuesta es la de siempre: calmar la mente. ¿Y cómo lo logramos? ¡Con práctica! Tanto las asanas como los mantras ayudan; es un camino de práctica, poco a poco. Entre más tiempo pasas practicando y «mantreando», la mente se aclara. Sin tanto disturbio mental, uno puede enfocarse y, por fin, ¡entender! A veces será necesario leer varias veces o comparar traducciones, hasta que el mensaje llegue al corazón y se convierta en un aprendizaje significativo.
¿De dónde salen los deseos que inundan nuestro corazón?
Hace unos días les hablé sobre la identificación. Definirnos por el mundo exterior nos distrae y nos aleja de la paz. Pensar que somos «lindas» o «feas», «inteligentes» o «burras», «maestras» o «abogadas»… cualquier etiqueta nos causa sufrimiento. Si nos sentimos lindas, aparece el miedo a perder la belleza; si nos sentimos feas, sufrimos por querer ser linda. En ambos casos, hay ruido mental.
Por eso, te invito a soltar esas etiquetas. Date espacios de paz para conectarte con tu verdadero ser, ese lugar donde las expectativas y la autoexigencia se desvanecen. Sé tu propio observador. ¿Necesitas que te lean el tarot? ¡No! Esto es gratis y se logra en el silencio y la observación interior.
Las clases de yoga son para que las lleves a la práctica en tu día a día, en tu lugar seguro. Poco a poco, cuando la mente se calma, llega la sabiduría.
Que todo lo bueno suceda en tu vida. 💛



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